En el primer número impreso de Jot Down hay un breve y magnífico artículo de Antonio Muñoz Molina, en el que habla de lo absurdo de intentar solucionar problemas actuales volviendo al pasado. Comenta también que aunque ahora mismo la gente no lee lo suficiente, no se puede decir que la situación fuera mejor hace cuarenta o cincuenta años, cuando la tasa de personas que no sabían ni leer ni escribir era infinitamente mayor. Me recordó a ese mito de que los niños antes sabían más, de que la escuela era mejor.

El artículo comienza, por cierto, explicando el origen del dicho ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’ y Muñoz Molina cita su propia versión: ‘Cualquier tiempo pasado fue anterior’. Lo comento porque me resulta simpático que sea la tercera persona que leo o escucho con esta misma versión propia.

En mi opinión, aquello de ‘los niños de ahora no saben de nada’, la verdad es que no tiene mucho sentido. Esa valoración, si es que se puede hacer y tiene algún interés, depende necesariamente del contexto histórico. Hoy en día no se puede trabajar sin un conocimiento básico sobre ordenadores e idiomas. Estas son las herramientas con las que el mundo se mueve hoy y estas son las herramientas en las que los niños hoy tienen más conocimientos. Nadie dice que, por ejemplo, el desconocimiento de la geografía española sea algo bueno, pero hoy los niños viven en un mundo en el que la influencia de China es mayor que la influencia de la provincia contigua.

A veces da la sensación de que conforme abandonamos la adolescencia nuestras capacidades se quedan obsoletas con respecto a todo lo nuevo que la sociedad nos trae. Y de que es doloroso aceptarlo.

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