“Es mucho más fácil que eso. Hay que ser honesto, humilde y hacer lo que puedas, sabiendo que hacerlo bien es imposible. Se trata de evitar hacerlo muy, muy mal, de mentir o de equivocarse estrepitosamente.” (Enric González, http://www.jotdown.es/2011/09/enric-gonzalez-lo-que-busca-el-periodico-deportivo-es-masturbar-al-lector/)

Me gusta mucho el programa ‘Pesadilla en la Cocina’, en su versión americana (la española no la he visto).

Trata sobre el chef Gordon Ramsay, uno de los mejores restauradores del mundo, que trata de salvar un bar en bancarrota. Primero enseña a los propietarios la mediocridad en que está sumido su negocio, básicamente porque se han ido tomando malas costumbres en el trabajo diario para ahorrar esfuerzo (cosa que por supuesto niegan los dueños y/o empleados). Después Ramsay cambia esas malas costumbres, algo a lo que naturalmente los dueños se resisten, y al final, tras tratar con los síntomas de quien un día se pone a trabajar de verdad (estrés, pánico, vuelta a las malas costumbres…) todos se congratulan del paso adelante que ha dado el negocio.

Me parece simpático, porque todos deberíamos tener un chef Ramsay en nuestro trabajo. Sobre todo cuando se lleva haciendo mucho tiempo lo mismo, uno sucumbe a lo fácil y termina entrando en una rutina de mediocridad que va más allá de no saber algo, sino de no tener interés siquiera en qué se puede hacer mejor. Decía un profesor mío: ‘Hay profesores que no tienen 20 años de experiencia como dicen, sino un año repetido 20 veces’.

Por desgracia, como ocurre en ‘Pesadilla en la Cocina’, cosas como el afán de superación, hacer el esfuerzo de no dejar de aprender y de hacer las cosas bien, no garantizan el éxito. De hecho, si uno es mínimamente ambicioso y autoexigente, el éxito no llega nunca. Y eso puede ser muy duro, pero mantenerse en la lucha diaria es la única manera (que yo he encontrado) de mantener el respeto a uno mismo.

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