Cuando un país sufre una crisis económica, el gobierno puede imprimir más billetes y hacer más monedas para atenuarla. Así, consigue paliar la falta de dinero. El problema es que entonces el dinero vale menos (porque hay más). Así, la relación con el resto de países se altera: ahora tus productos son más baratos (vendes más y atenúas la crisis) pero los productos del resto de países son más caros (compras menos y te aíslas en cuanto a desarrollo). Es una especie de salida hacia adelante: sacrificas desarrollo en el país y te haces pobre con respecto al resto de países a cambio de que tu población no muera de hambre.

España no puede hacer esto, porque comparte su moneda con más países, así que tendría que negociar con el resto de países de la zona Euro para hacerlo. Aquellos países que no sufren una crisis económica fuerte, como Alemania, evidentemente no se quieren hacer más pobres a cambio de nada (porque su población está bien). Desde España (y Grecia, Portugal e Irlanda) se critica esta posición, claro, porque necesitan esta devaluación de la moneda.

Estos días pensaba que justo la no devaluación del Euro, en contra de los intereses de mi país, es lo que permite que yo estudie en Reino Unido. Con una devaluación, mis euros no valdrían nada en Reino Unido. Y así, con muchos (si no la mayoría) de los españoles emigrados fuera de la zona Euro, que son muchos. Estaríamos ‘atrapados’ en la Unión Europea. Incluso, tengo la sensación de que debido a que con una devaluación los países poderosos de la UE irían peor, también ofertarían menos trabajo a españoles, con lo que la emigración sería menor incluso en la Zona Euro.

Así, una devaluación del euro llevaría a que muchos de los emigrados estos días en España permanecieran allí: no tuvieran salida ni dentro del país, ni fuera. Y sinceramente, no creo que tener a todos estos ‘indignados’ atrapados en el país fuera una buena idea.

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