En dos de los países emergentes de Sudamérica, Chile y Brasil, se están concediendo en los últimos años una serie de becas que llaman mucho la atención. Los destinatarios son graduados de distintas disciplinas (los que conozco son biólogos o bioquímicos, naturalmente), que tienen la posibilidad de estudiar un doctorado en el extranjero con todos los gastos cubiertos (matrícula y manutención). Para optar a la beca, deben ser admitidos para sus estudios de posgrado en una de las mejores 150 universidades del mundo (no encontraréis a estos becarios en España) y además al término de los estudios tienen que volver al país de origen para trabajar durante varios años. El objetivo de estos gobiernos es evidente entonces: pagarle a los estudiantes una formación excelente en los mejores lugares del planeta para luego hacerles volver y sacar partido de esos conocimientos adquiridos.

Le comentaba el otro día a una amiga que en ese sentido España lo tiene hasta más fácil: la gente se está yendo por su propia cuenta. Saldría gratis. ‘Sólo’ con ofrecer un puesto de trabajo a los mejores españoles expatriados se podría sacar provecho del conocimiento que han adquirido fuera. Además, podrían considerar hasta trabajos peores de los que esos expatriados tienen en sus actuales países, ya que en muchas ocasiones volver a España representa un plus por motivos familiares, etc.

En cualquier caso, da igual. En España el programa Ramón y Cajal es el programa que se dedicaba a eso: a los mejores científicos españoles menores de 35 años que trabajaran fuera se les daba un contrato de 5 años para que volvieran. Y sin embargo leo esta semana en El País, a colación de la noticia sobre el mejor físico europeo a quien se le ha denegado este contrato, que el programa comenzó ofreciendo 780 plazas y que tras no convocarse en 2012, este año se ofrecieron 175. En fin, Spain is different.

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