Escribo esta entrada a colación de la noticia acerca de la sentencia del Tribunal Supremo de EEUU sobre la patente de un par de genes.

No se puede patentar nada que sea parte de la naturaleza: no se puede patentar el Sol, ni un árbol, ni un mineral. El ADN, como parte de la naturaleza, tampoco. Intentar patentar estos genes, que son fragmentos de ADN, sería como intentar patentar una hoja en vez del árbol. No cuela. Eso es lo que ha decidido el Tribunal Supremo.

La postura de la empresa interesada en la patente sin embargo me parecía interesante (aunque no sé hasta qué punto inteligente). Decían que bueno, que al fin y al cabo las divisiones que se puedan hacer de un órgano natural son arbitrarias y por tanto artificiales. Y las construcciones artificiales sí se pueden patentar.

Se basan en que a veces pensamos que hay divisiones muy claras dentro de la naturaleza, pero muchas veces no lo son tanto. Se me ocurre por ejemplo el tema de los órganos en el cuerpo humano. Creo que todos estaríamos de acuerdo en que el cerebro es el órgano encargado de decidir lo que pensamos y de nuestro comportamiento, pero lo cierto es que para pensar y para comportamos de determinada manera necesitamos un riego sanguíneo y que nuestra sangre tenga unas determinadas propiedades, así que necesitamos también un riñón, un corazón… Sonará ridículo, pero para pensar necesitamos otro montón de órganos en buen estado (más allá de que necesitemos estar vivos). En otras palabras, el cerebro no es un órgano independiente (depende de otros) y por tanto el concepto de cerebro es una construcción artificial que hemos inventado nosotros para explicar el funcionamiento del cuerpo.

Esto es un poco culpa de los biólogos, todo hay que decirlo, que nos encanta dividir nuestro objeto de estudio en partes pequeñitas, explicar lo que hace cada parte por separado y después explicar el funcionamiento global a partir de cada parte pequeñita. Como si explicáramos el funcionamiento de un reloj.

Lo que los jueces han pensado, razonablemente, es que estas divisiones (aun pudiendo ser artificiales) siguen siendo partes de un ente natural. Y probablemente hayan pensado también, que aun siendo un gen una parte dependiente del resto del ADN, todas las partes dentro del gen guardan una dependencia mayor entre sí que con el resto del ADN, así que sí son partes relativamente independientes. O de otra forma: el funcionamiento del cerebro depende mucho más del correcto funcionamiento de las neuronas que del correcto funcionamiento del riñón o el corazón, así que sí es un órgano relativamente independiente de manera natural. Por tanto, estas divisiones tampoco son tan arbitrarias.

Estas partes relativamente independientes se llaman normalmente módulos, hay un test estadístico para analizar si son divisiones arbitrarias o no, y yo me dedico a estudiar todos estos patrones. Otro día os lo cuento.

Anuncios