Acabo de ver el programa de Informe Robinson dedicado a David Millar y la verdad es que me ha parecido extremadamente inspirador. Es la historia de un ciclista talentoso que se encuentra un mundo que no es el que él espera, el del ciclismo profesional, donde el doping era como mínimo predominante. Al principio intentó correr limpio pero la frustración de no encontrarse en igualdad de condiciones con el resto le hace tomar la decisión de doparse: era o doparse o no progresar. En un sistema donde esa práctica es tan mayoritaria no es posible erradicarla. Si lo denuncias fuera del sistema (en medios de comunicación) eres expulsado del sistema. Si lo denuncias dentro eres, en el mejor de los casos, ignorado. En realidad fue la decisión de una persona que amaba ese deporte y que era ambiciosa, podía haber dejado el ciclismo o haberse conformado con quedar el vigésimo.

Me ha llamado mucho la atención esta historia porque la mayoría hemos estado en situaciones igualmente parecidas (pero mucho menos graves, claro). Cuando dejas de ser alumno y te conviertes en profesor, cuando dejas de ser un enfermo en un hospital y te conviertes en enfermero, cuando llegas al mundo de la política… Todos encontramos cosas que no nos gustan, ‘vicios’ del nuevo sistema al que llegamos y que en ocasiones pueden ser perniciosos. Tenemos tres opciones: abrazarlas como parte del sistema aunque no nos gusten (‘doparnos’), no progresar en nuestra tarea o trabajo (‘quedar vigésimos’) o abandonarlo todo.

Durante el documental me he preguntado cómo lo harían esos héroes que a lo largo de la historia cambiaron injusticias que estaban establecidas en un sistema. ¿Conspiraron? ¿Simplemente lo denunciaron en el momento apropiado? Me gustaría mucho leer sobre ello. Lo que me ha quedado claro es que cuando uno abraza a sabiendas un sistema viciado no sólo corre el riesgo de perder dinero, familia y trabajo. David Millar se perdió a sí mismo.

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