Durante el doctorado hay etapas en las que los ánimos flojean. En realidad, ocurre también cuando se es investigador sénior y en cualquier empleo: en unas épocas estás más inspirado y el trabajo avanza con menos problemas y en otras épocas la cosa se estanca por algún motivo. El caso es que durante el doctorado tu investigación está ligada a la obtención de un título académico, lo que le añade más presión, así que normalmente los momentos de desánimo se agudizan.

Circula estos días de manera viral la (supuesta) carta de abandono de uno de estos estudiantes de doctorado deprimidos, que ha ‘perdido la fe en la ciencia como algo que aporte un beneficio a la sociedad en que vivimos’.

Tiene razón en algunas de sus quejas. Existen supervisores de doctorado que presionan al estudiante demasiado, que lo sobrecargan con actividades que no deberían llevar a cabo como estudiantes o que directamente lo menosprecian. En el proceso de revisión de trabajos científicos que llevan a cabo las revistas para decidir qué se publica, existen revisores (que son científicos también) que obligan a los autores a que los citen en su trabajo (en ciencia, cuanto más citen tu trabajo más influencia tienes en el área). O retrasan su veredicto porque en su laboratorio están haciendo algo similar y quieren publicarlo antes. O que directamente rechazan el trabajo para copiarlo y publicarlo ellos. O que lo rechazan porque el autor del trabajo les rechazó a ellos un trabajo antes o porque el autor les cae mal, simplemente. También se aceptan trabajos porque los publican sus amigos, o porque en ellos citan trabajos del revisor. O porque citan un montón de estudios de la revista donde quieren publicar (y así la revista gana influencia). Este chico también opina que los supervisores no hacen ciencia, sólo se dedican a labores administrativas, pero sí firman los trabajos de sus alumnos como coautores (a veces sin conocer el contenido).

Todo eso pasa y entiendo completamente la frustración de este tipo (y del chico que me mandó el link, que se sentía completamente reflejado) pero es que la ciencia está envuelta de un halo de objetividad y asepsia que confunde a la gente. Precisamente todos estos procesos garantistas, como la revisión de los trabajos para su publicación, existen porque los científicos no son mejores personas que el resto de gremios. Los científicos son personas, igual que en el resto de trabajos, y existe gente tan estúpida como en el resto de trabajos.

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