No recuerdo qué película había visto, pero el otro día al terminar de verla me preguntó un amigo por Whatsapp si un hombre y un chimpancé podían tener descendencia.

No, no pueden. Con un espermatozoide de un humano (con la mitad de la carga genética de un humano) y un óvulo de chimpancé (con la mitad de la carga genética de un chimpancé) no se junta una carga genética que permita el desarrollo de un individuo (ni humano, ni chimpancé). Las especies a lo largo de la historia natural cambian sus genes, en número y en composición. La mezcla de dos mitades no forma nada con sentido.

Cuando trabajas con proteínas, por ejemplo, se acepta que hay organismos que han duplicado el gen que da lugar a una proteína específica y entonces han aumentado su material genético.

Cuando la célula está copiando su material genético para dar lugar a un espermatozoide u óvulo, puede equivocarse y copiar dos veces un trozo del material genético (un gen). Si da la casualidad de que ese gen daba lugar a una proteína, entonces ese espermatozoide (y un óvulo) puede dar lugar a un nuevo organismo que tendrá 2 genes diferentes que dan lugar a la misma proteína. Con una de las copias entonces se puede ‘experimentar’, puesto que la función esencial ya la cumple la otra copia. En esa ‘experimentación’ (cambios en el gen debido a mutaciones aleatorias) ese gen puede al azar obtener una composición que dé lugar a una nueva proteína con una nueva función.

Y así, empezamos con 1 proteína y ahora tenemos 2.

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