Leo estos días el primer libro de la autobiografía de Arthur Koestler, un intelectual austrohúngaro del siglo XX por el que me interesé a raíz de sus libros ‘El cero y el infinito’ (sobre la Rusia estalinista) y ‘Diálogo con la muerte: Un testamento español’ (sobre la Guerra Civil), que leí de adolescente.

En el trocito que he leído hoy habla Koestler de que la elección política (fue comunista militante durante muchos años) en su caso fue primero una cuestión emocional y posteriormente racional. Explica, que en su opinión la gente primero se abraza a una opción política por motivos emocionales, por alguna ocasión concreta de la infancia o adolescencia que le marcara especialmente, y sólo algunas personas revisan los ideales de esa opción desde un punto de vista racional posteriormente, siendo críticos con la opción que ya se ha tomado. En general, la gente vota en unas elecciones sin ningún criterio racional, simplemente apoyándose en una opción completamente emocional que se tomó por algún evento concreto de la infancia o adolescencia.

Me ha llamado la atención esta apreciación y la comparto en lo esencial. La primera vez que uno se interesa por la política normalmente concibe unos roles asociados a las opciones políticas que están completamente sesgados y donde ‘casualmente’ las opciones políticas objetivamente buenas coinciden con prejuicios previos basados en el ambiente familiar o en alguna circunstancia concreta. Entonces, se toma partido (nunca mejor dicho) de la misma manera que en su momento se eligió a su equipo de fútbol favorito: de una manera completamente irracional y emocional. Yo diría además que a partir de ahí lo normal ante cualquier problema político es enfrentarlo con la ‘tabla de ideales y prejuicios’ de tu ‘equipo político’ y decidir. Si una decisión concreta al problema le viene bien a tus prejuicios (que son también los de tu partido político), entonces es bueno o justo. Si le viene mal, es malo o injusto. Si eres del Real Madrid y una decisión le viene bien al Real Madrid, es objetivamente bueno. Si le viene mal, es objetivamente malo. También hay personas que confrontan las decisiones políticas con las de las personas que no les gustan, y entonces aceptan estas decisiones si son las contrarias a las de estas personas. Es una versión enrevesada de lo mismo.

La existencia de partidos políticos beneficia este tipo de pensamiento, claro, porque tienes que comprar todo un paquete de ideales y prejuicios. Si no, a ver quién te representa.

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