La semana pasada estuve en el congreso de la Sociedad Española de Biología Evolutiva (SESBE). La experiencia fue buena y hubo conferencias muy interesantes, pero si tuviera que destacar alguna destacaría la que ofreció uno de los conferenciantes invitados, el profesor Randolph Nesse. Él se dedica básicamente a la divulgación de la importancia de la evolución en la medicina. No como un nuevo sistema de curación ni nada revolucionario, simplemente como un aspecto más a la hora de ver a la enfermedad.

Habló Nesse de que una de las preguntas que la gente y muchos médicos se hacen con respecto a la evolución es por qué nos ha hecho tan débiles, por qué después de tanto tiempo la evolución no nos ha hecho más robustos ante infecciones y enfermedades. Él describía entonces hasta 6 motivos por los que esta pregunta es equivocada pero me detendré en uno concreto: porque la evolución toma tiempo.

Cada generación de nuestra sociedad se encuentra a lo largo de su vida ante una avalancha de novedades en nuestra forma de vida para las que no estamos preparados biológicamente. Se necesitan varias generaciones expuestas a un mismo estímulo para que la evolución vaya seleccionando a los organismos mejor preparados para la reproducción en ese ambiente.

¿Cómo vamos a estar protegidos contra la obesidad si hace nada que comemos sin control y sin ejercicio? ¿Cómo vamos a estar protegidos contra el cáncer si hace nada que fumamos? Para este científico, de hecho, cada gen que aparece relacionado con estas enfermedades es en realidad un gen perfectamente sano: un gen sano para un organismo que sale a cazar y recolectar cada mañana, que no ha olido el tabaco en su vida y que no se le ha ocurrido en su vida tomar comida pasada por aceite hervido.

Así que en realidad no es que estemos rotos, es que no nos gusta aquello para lo que estamos hechos.

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