Esta entrada será sólo sobre especulaciones acerca de algo que desconozco por completo, así que aunque reincidiré en ello al final, estáis avisados desde el principio. Parte de las ideas aquí expuestas son la repetición de ideas que surgieron en una conversación la semana pasada con mi pareja, maestra y pedagoga.

Hace ya bastante tiempo que mi amiga Hannah me mandó un vídeo de una charla de John Cleese (actor de Monty Python) acerca de la creatividad. Es larga pero muy muy intuitiva e interesante, aquí os la dejo (podéis activarle subtítulos en castellano).

De las ideas que comenta la que más me gustó fue que a la hora de realizar tareas tenemos dos tipos de ‘modos’, el modo abierto y el modo cerrado. El modo cerrado es ese modo en el que se ejecuta, no tenemos que pensar demasiado y simplemente realizamos la tarea de una manera mecánica (por ejemplo, cuando hacemos un inventario). Este modo se relaciona con la virtud de la eficiencia: en el modo cerrado somos sobre todo eficientes, actuar de manera mecánica hace que seamos más rápidos y ágiles despachando una tarea. El modo abierto sin embargo se relaciona con la creatividad: es ese estado en el que vemos nuestra tarea desde nuevas perspectivas. Sucede, por ejemplo, cuando planificamos una tarea o cuando se nos presenta un problema. Tenemos que repensar algo desde todos los ángulos para encontrar una solución.

Lo que más llama la atención de esta descripción, es que tanto el modo abierto como el modo cerrado son indispensables para tener éxito en una tarea. Mientras que una persona que sólo utilice el modo cerrado no será capaz de ser creativo y encontrar soluciones a los problemas que se le presenten, una persona que sólo utilice el modo abierto nunca será capaz de ser eficiente e implementar sus ideas y fracasará igualmente. El éxito se alcanza entonces cuando una persona es capaz de cambiar fácilmente del modo abierto al cerrado y viceversa durante una tarea. Cleese pone el ejemplo del inventor de la penicilina: vio que algo salía mal en su experimento y en vez de continuar en el modo cerrado, tirar los resultados a la basura y volver a empezar de nuevo, fue capaz de cambiar al modo abierto, encontrar una posible explicación, volver a cambiar al modo cerrado y experimentar para demostrar su explicación.

Estos días pensaba sobre la posibilidad de que el cerebro funcione de la misma manera, algo que si no se dice explícitamente en el vídeo (no lo recuerdo) por lo menos se desprende de él. Esto es, en el modo abierto las señales neuronales serían mucho más dispersas mientras que en el modo cerrado las señales neuronales serían mucho más concretas y potentes. Así, las personas más exitosas en la resolución de tareas serían capaces de alternar señalizaciones precisas con señalizaciones más dispersas. La capacidad de generar señales precisas y señales más dispersas entonces variaría dependiendo de la educación y del lugar donde las personas vivieran: en entornos más variables las personas tenderían a ser más creativas mientras que en entornos más estables las personas tenderían a generar señales neuronales más precisas. Los niños con déficit de atención, por ejemplo, lo que tendrían sería poca capacidad para generar señales concretas. Sin embargo, el entorno óptimo sería aquel que preparara a la gente no sólo para generar distintos tipos de señalizaciones neuronales sino para alternarlas con mucha frecuencia.

En fin, una historia bonita pero que sólo es especulación. Como ejercicio de creatividad, sin embargo, no está mal.

[Si os interesa la psicología en general os recomiendo el blog de Javi, quien sabe de todo esto mucho más que yo.]

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