El sistema sanitario inglés es famoso por lo malo que es. Por desgracia, he tenido la oportunidad de encontrarme frente a frente con él y he de decir que estoy de acuerdo, aunque no he tenido ninguna experiencia traumática al respecto (muchos me dirían que porque no he tenido el suficiente contacto). En todo caso, y comparando con el sistema sanitario español, siempre tengo la misma sensación.

Siempre pienso que si hubo un ingeniero que diseñó el sistema inglés, pensó en cómo hacer un sistema sanitario para una población de personas, mientras que el ingeniero español pensó en cómo le gustaría que fuera el sistema sanitario si él fuera un enfermo. La diferencia es gigante.

Por ejemplo, si diseñas un sistema sanitario para una población de personas lo primero que tienes que hacer es tratar de evitar a todos esos hipocondríacos que van por nada al médico y que generan pérdidas económicas y acumulación en el sistema. Si piensas desde la perspectiva del enfermo, los hipocondríacos no existen: si vas al médico es porque de verdad te pasa algo o al menos estás preocupado y quieres que te quiten la preocupación.

Sin embargo, el sistema sanitario inglés probablemente sea mucho más eficiente que el sistema español. Todo estará siempre mejor organizado y será más regular, porque tendrás unos protocolos estudiados para que en una población de un tamaño determinado tu sistema no colapse. En un sistema en el que piensas en ti como cliente, habrá épocas en las que poca gente esté en la situación en la que te imaginas y otras épocas en las que todo el mundo estará en esa situación, así que el sistema que diseñes va a ser un caos.

En realidad si el sistema inglés funciona mal probablemente no tenga nada que ver con esto y sea sólo una apreciación mía, pero por lo menos me ha advertido, yo que soy tan fan de la eficiencia.

Anuncios