Sigo la información del brote de ébola desde el comienzo. Me parece una enfermedad apasionante desde el punto de visto de la biología, empezando por el hecho de que algunas cepas tengan una mortalidad del 90% y siguiendo por el hecho de que se desconozca qué tienen de especial los supervivientes. Podría escribir un post sobre ello, pero hoy no.

Hoy escribiré sobre un artículo magnífico de otro periodista que me gusta mucho, Alberto Rojas, que ha escrito normalmente sobre conflictos armados en África y que ahora se encuentra haciendo una serie de artículos sobre el ébola para El Mundo. En este artículo, titulado ‘El virus de las buenas personas’, explica que la enfermedad se está cebando mayoritariamente con las buenas personas: aquellas que cuando algún ser querido se contagia se quedan para atenderlas… y eventualmente infectarse. Aquellas personas que huyen cuando alguien a su alrededor se infecta, las ‘malas personas’, sin duda tienen menos riesgo de contraer la enfermedad.

Se me ha ocurrido: ¿Quiere eso decir que en los países afectados por el ébola cada vez hay menos buenas personas? Pues no lo sé, seguramente no, pero se podría comprobar. Se podría ver si a lo largo de la historia en aquellos países que han sufrido una mortalidad masiva por infecciones han crecido los delitos generaciones después.

¿Evoluciona la población hacia ser ‘malas personas’? ¿Se selecciona aquello que nos hace ‘malas personas’ durante estos brotes? Pues eso me temo que sería más difícil de saber. Aquello que nos hace ‘malas personas’ estaría entre la parte del genoma que aparecería con más frecuencia en la población tras estos brotes, junto con todo lo demás que causa cierta resistencia a la infección (como un buen sistema immunitario) y otro montón de cosas que no sabremos para qué sirven.

¿Habéis visto? Teóricamente todo muy sencillo.

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