Prejuicios

Recuerdo con mucha frecuencia una gráfica que vi un día y que me pareció muy divertida. Servía como ilustración de lo que son los prejuicios y en ella se representaban algunos países europeos en una gráfica en la que el eje de las ‘x’ medía ‘Simpatía’ y el eje de las ‘y’ la ‘Eficiencia’. En toda la parte inferior de la gráfica y especialmente a la derecha, en el lugar de los más simpáticos pero menos eficientes, colocaban a todos los países del sur de Europa (España, Italia, Grecia, Portugal). En la parte superior izquierda de la gráfica, correspondiente a los países menos simpáticos pero más eficientes, estaban Reino Unido y Alemania. En la parte superior derecha, entre los países muy simpáticos y eficientes, estaban todos los países nórdicos.

Tengo que confesar que de los prejuicios ilustrados en la gráfica me es especialmente difícil deshacerme, sobre todo del que concierne a la eficiencia. Sin embargo, nunca he tenido tanta fe en conseguirlo como estos días. Está colaborando decisivamente el libro que estoy leyendo, ‘Crónicas de la Mafia’ de Íñigo Domínguez. Ayer leí en él que el Gobierno regional de Sicilia tiene más empleados que el británico o que entre el 1952 y el 1972 las cajas de ahorros populares crecieron en Palermo un 586% y las sociedades anónimas un 202%. Paré de leer un segundo y me puse a pensar.

Lo confieso: pensé en el gobierno de España, en el de Andalucía y en esos artículos que leo habitualmente sobre los problemas de la Universidad en España. En realidad pensé en todos los informes que se publican (sobre educación, reforma fiscal…) y cuyas recomendaciones nunca se llevan a cabo. Me acordé de esos inocentes que preguntan por qué no hay mafia en España y de Leopoldo María Panero diciendo que el movimiento obrero en España es la picaresca.

Hoy, me pregunto por qué en Reino Unido y Alemania no tienen mafia y si tenemos algún motivo para ser tan simpáticos.

Simetría

La simetría consiste en que a los dos lados de un plano se es igual. Por ejemplo, los dos lados de nuestro cuerpo. Escuché en algún momento la teoría, de hecho, de que las personas que nos parecen más guapas son las más simétricas. Por desgracia, la simetría perfecta es muy difícil de encontrar: normalmente la gente tiene un ojo más caído que el otro, una ceja más alta que otra… Y esto es muy interesante.

¿Por qué, si nuestros genes son los mismos en los dos lados del cuerpo y están ‘construyendo’ lo mismo, existe asimetría? Pues porque durante el desarrollo ha habido alguna perturbación ambiental.

El otro día pensaba que si quisiera construir una catedral y tuviera que contratar a unos albañiles, contrataría a aquellos albañiles que hayan construido las estructuras simétricas más simétricas. Lo pensaba mientras pasaba por delante de la estación de tren de Almería:

Estación_de_ferrocarril_de_Almería

Antigua estación de tren de Almería. Foto extraída de Wikipedia.

 

Si en esta foto señalas puntos de la estructura que sean simétricos con una precisión de milésimas de milímetro y doblas la imagen intentando hacer coincidir esos puntos simétricos, te darás cuenta de que no es completamente simétrica (aunque sólo sea por unas milésimas de milímetro). A simplemente vista parece completamente simétrica, pero si lo analizas con la precisión adecuada seguro que no lo es.

Lo que está claro es que el arquitecto la diseñó perfectamente simétrica, así que esa poquísima asimetría que hay es de la cuadrilla que la hizo. Los albañiles que fueran capaces de hacer la estación con más simetría serán los que mejor son capaces de llevar a cabo las instrucciones del arquitecto y por tanto la que yo contrataría para mi catedral.

Ya sólo me falta el presupuesto.

¡Qué incultos somos!

¿Serías capaz de mencionar el nombre de 3 poemas de Antonio Machado? ¿Y 2 cuadros de Kandinsky? ¿Edgar Allan Poe era americano o inglés? Es posible que no sepas contestar a alguna o varias de estas preguntas y de hecho es posible te haya hecho sentir un poco mal por ello.

A veces me da la sensación de que está bastante estigmatizado el desconocimiento en el mundo de las letras y las artes en general. Me llama la atención porque me parece bastante normal que alguien no recuerde el nombre de ningún poema de Antonio Machado. Probablemente te hicieron leer varios en la escuela y desde entonces no has vuelto a leer nada de él. No es algo que en tu vida diaria utilices o recuerdes por algún motivo y simplemente te has olvidado de ello. Exactamente igual que de la capital de Honduras, de la ley de Arquímedes o de las fases de la mitosis celular.

Sin embargo, probablemente no te sientas demasiado mal por no recordar las fases de la mitosis, aunque tenga bastante más vigencia en tu vida diaria que saber el país de procedencia de Poe. El desconocimiento en el área de las artes está bastante peor visto que en el área de las ciencias. De hecho, el conocimiento en el área de las letras se considera cultura general mientras que en el área de las ciencias es algo específico que sólo los científicos deben saber. Aunque un mal funcionamiento de la mitosis sea lo que mata a nuestros seres queridos de cáncer y a Edgar Allan Poe quizá ni lo leamos nunca.

Pero no me entendáis mal, no digo que debiera estar mal visto no tener unos conocimientos mínimos de ciencia (porque todos los tenemos aunque tengamos que refrescarlos, ¡igual que en letras!), digo más bien que aunque el conocimiento de cosas concretas en el ámbito de las artes puede significar una buena educación y formación en ese área, el desconocimiento de cosas concretas no significa nada, así que esa ‘presión social’ carece de ningún sentido.

Proyectos y demás

Si todo va como deseo y como se espera, en septiembre terminaré mi doctorado. Después de eso, a día de hoy, sólo hay la nada. En el mejor de los casos, de encontrar alguna beca posdoctoral, es muy posible que aún así quedara un hueco de semanas o meses hasta que me incorporara a mi nuevo destino. La verdad es que lo veo como una muy buena oportunidad para tener unas buenas vacaciones en casa durante un tiempo, para descansar y coger impulso ante una nueva situación que probablemente (como siempre) requerirá de altas dosis de motivación.

Me emociona especialmente de ese tiempo la posibilidad de disfrutar de hobbies que tengo abandonados, como jugar al fútbol o salir a andar al campo, pero por otro lado también me apetece probar nuevas ideas que he ido acumulando con el tiempo.

Entre estas, la que más me apetece es la de organizar un curso online gratuito. La verdad es que no sé el interés que suscitará, probablemente entre poco y ninguno, pero me agrada la idea de hacerlo sobre evolución para personas formadas en otras áreas (periodistas, médicos, psicólogos, biólogos de otras áreas…) y en última instancia para cualquier persona interesada en el tema. Me gustaría que fuera un curso bastante profundo y riguroso, que realmente informara sobre las bases científicas en las que se sustenta la teoría de la evolución pero que al mismo tiempo fuera accesible, admitiendo mayor formalidad matemática y biológica en actividades complementarias a discreción de cada estudiante. Aunque el grupo de destinatarios parezca demasiado heterogéneo, en realidad en mi cabeza ese curso tendría un número muy limitado de plazas y aunque contaría con una base teórica común, también contaría con muchas actividades personalizadas para cada persona relacionadas con su área de interés.

Es sólo una idea, así que sentiros libres para opinar y sugerir. De momento no puedo garantizar que ocurrirá, pero dicen que las cosas empiezan a hacerse realidad en el momento en que se dicen en voz alta.

Modo abierto y modo cerrado

Esta entrada será sólo sobre especulaciones acerca de algo que desconozco por completo, así que aunque reincidiré en ello al final, estáis avisados desde el principio. Parte de las ideas aquí expuestas son la repetición de ideas que surgieron en una conversación la semana pasada con mi pareja, maestra y pedagoga.

Hace ya bastante tiempo que mi amiga Hannah me mandó un vídeo de una charla de John Cleese (actor de Monty Python) acerca de la creatividad. Es larga pero muy muy intuitiva e interesante, aquí os la dejo (podéis activarle subtítulos en castellano).

De las ideas que comenta la que más me gustó fue que a la hora de realizar tareas tenemos dos tipos de ‘modos’, el modo abierto y el modo cerrado. El modo cerrado es ese modo en el que se ejecuta, no tenemos que pensar demasiado y simplemente realizamos la tarea de una manera mecánica (por ejemplo, cuando hacemos un inventario). Este modo se relaciona con la virtud de la eficiencia: en el modo cerrado somos sobre todo eficientes, actuar de manera mecánica hace que seamos más rápidos y ágiles despachando una tarea. El modo abierto sin embargo se relaciona con la creatividad: es ese estado en el que vemos nuestra tarea desde nuevas perspectivas. Sucede, por ejemplo, cuando planificamos una tarea o cuando se nos presenta un problema. Tenemos que repensar algo desde todos los ángulos para encontrar una solución.

Lo que más llama la atención de esta descripción, es que tanto el modo abierto como el modo cerrado son indispensables para tener éxito en una tarea. Mientras que una persona que sólo utilice el modo cerrado no será capaz de ser creativo y encontrar soluciones a los problemas que se le presenten, una persona que sólo utilice el modo abierto nunca será capaz de ser eficiente e implementar sus ideas y fracasará igualmente. El éxito se alcanza entonces cuando una persona es capaz de cambiar fácilmente del modo abierto al cerrado y viceversa durante una tarea. Cleese pone el ejemplo del inventor de la penicilina: vio que algo salía mal en su experimento y en vez de continuar en el modo cerrado, tirar los resultados a la basura y volver a empezar de nuevo, fue capaz de cambiar al modo abierto, encontrar una posible explicación, volver a cambiar al modo cerrado y experimentar para demostrar su explicación.

Estos días pensaba sobre la posibilidad de que el cerebro funcione de la misma manera, algo que si no se dice explícitamente en el vídeo (no lo recuerdo) por lo menos se desprende de él. Esto es, en el modo abierto las señales neuronales serían mucho más dispersas mientras que en el modo cerrado las señales neuronales serían mucho más concretas y potentes. Así, las personas más exitosas en la resolución de tareas serían capaces de alternar señalizaciones precisas con señalizaciones más dispersas. La capacidad de generar señales precisas y señales más dispersas entonces variaría dependiendo de la educación y del lugar donde las personas vivieran: en entornos más variables las personas tenderían a ser más creativas mientras que en entornos más estables las personas tenderían a generar señales neuronales más precisas. Los niños con déficit de atención, por ejemplo, lo que tendrían sería poca capacidad para generar señales concretas. Sin embargo, el entorno óptimo sería aquel que preparara a la gente no sólo para generar distintos tipos de señalizaciones neuronales sino para alternarlas con mucha frecuencia.

En fin, una historia bonita pero que sólo es especulación. Como ejercicio de creatividad, sin embargo, no está mal.

[Si os interesa la psicología en general os recomiendo el blog de Javi, quien sabe de todo esto mucho más que yo.]

Hitos y biología

Hace tiempo que no hablo específicamente de mi trabajo, así que vuelvo a ello.

En el estudio con morfometría geométrica, lo primero que se hace es definir la estructura cuya forma se va a estudiar. Para ello, se eligen puntos de esta estructura cuya variación se va a analizar. Por ejemplo, para la variación en la forma de la cara de una población se podría elegir la punta de la nariz, la comisura de los labios, donde empiezan y terminan las cejas… etc. Estos puntos se llaman hitos.

Para elegir los hitos uno tiene que tener en cuenta varias cosas: que se localicen de manera precisa, que estén presentes en todos los organismos que vayamos a analizar y que haya una correspondencia entre los hitos elegidos en distintos organismos. Si nuestro estudio es sobre aerodinámica podemos coger los extremos de las alas de murciélagos y aves pero si es sobre evolución no podemos, porque los extremos de las alas de murciélagos y aves no eran el mismo punto en su antecesor común (los murciélagos son mamíferos y las aves, aves). Perderemos la señal biológica.

Imaginemos que, como no se debe hacer, hacemos un análisis morfométrico de la evolución de las alas de las aves y las alas del murciélago. Los resultados nos dirán: sí, sí, se parecen bastante, durante la evolución las alas de las aves se hicieron más pequeñas, se estrecharon y dieron lugar a las alas del murciélago. Pero naturalmente esto es mentira, entre que aparecieron las aves y que aparecieron los murciélagos hubo un montón de especies sin alas, no hubo una variación de las alas.

Ocurre exactamente igual cuando estudiamos la evolución de un carácter que no es biológico: podemos encontrar con un test estadístico que las personas que juegan bien al baloncesto están en Norteamérica y las personas que juegan mal en Europa, pero no podemos extraer ninguna conclusión acerca de la evolución del baloncesto (¡aunque el test estadístico nos está gritando que el baloncesto se creó en EEUU y aquí llevamos poco tiempo jugándolo!). Tenemos resultados, pero no significan nada desde el punto de vista biológico.

La discriminación no es sólo estadística

En los últimos años he notado una corriente de pensamiento preocupada por distintos tipos de discriminación (por género, etnia… etc) que ha llegado hasta los gobiernos, que han instalado ‘medidas de paridad’ y que han creado instituciones dedicadas a la supervisión de la integración de distintos colectivos. Me siento muy orgulloso de que exista esta tendencia y una persecución como nunca antes contra la discriminación, me parece señal de madurez de la sociedad. Me parece sin embargo que no todo el mundo tiene claro cuándo existe la discriminación y que aunque exista, puede no ser una discriminación a erradicar.

Esto quiere decir lo siguiente: Si tú eres el encargado de personal de una empresa y tienes que elegir para un trabajo entre un hombre y una mujer exactamente iguales, no tienes manera de no discriminar a un género. O si tu empresa te encarga que no puedes contratar a más de un 60% de personas de un mismo género y tienes que contratar a tres personas, que alguien me explique cómo lo haces. Esto es, en la mayoría de los casos no se puede saber si existe discriminación sin un test estadístico que te diga que la desproporción no es sólo por el tamaño de la muestra. Si en estos ejemplos haces un análisis estadístico para saber si hay discriminación el test te diría que puede ser simplemente azar.

Por otro lado, la definición de la RAE para discriminar es ‘dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.’. Esto quiere decir que el hecho de que en la carrera de informática de una universidad cualquiera no haya 3 chicas en total no es una cuestión de discriminación, no hay más chicas porque no hubo más solicitudes de chicas. No sirve sólo con la desproporción entre géneros, debe haber un motivo que le dé base. Y con frecuencia, cuando se encuentra desproporción se asume que hay discriminación y ya está. ¿El motivo? El que sea.

Este tema me preocupa porque es el motivo lo verdaderamente importante en todo el asunto. Conociendo el motivo (educación, prejuicios, populismo…) se puede atacar el problema. En muchas ocasiones se ataca la desproporción, que es sólo un dato estadístico, o directamente la nada. Esto es perjudicial porque incluso en aquellos casos en que la desproporción está causada por la discriminación de un colectivo, quien es castigado es castigado por la desproporción, no por sus prejuicios. Y él lo sabe.

El hombre de hace 7000 años

Es posible que estos días hayáis leído la noticia acerca del hombre que vivió en España hace 7000 años y os estéis haciendo algunas preguntas, como por ejemplo, cómo es posible que viviera en España si España no existía. Esto entenderemos que es una licencia poética, porque decir península ibérica haría que no entendiéramos nada. Es posible que lo primero que escucharais de este hombre es que tenía los ojos azules. Aunque yo diría que esto es discutible, la publicación del retrato me parece mucho más divertida. Os dejo el retrato de este hombre:

Tomado del twitter de la revista Nature

Dibujo tomado del twitter de la revista Nature

Me he hecho muchas preguntas al ver al primer español retratado de la historia. Mi primera sorpresa ha sido ver que el tío se recortaba la barba. Y el entrecejo (porque todos sabemos que los hombres hace miles de años tenían entrecejo). El pelo lo llevaba despeinadillo pero con buena caída, el hombre se puso para la foto.

Todo lo saben estos señores al analizar todos los genes de este individuo.

Quizá penséis que estoy celoso de este macho con aire a Hugh Jackman. Es posible. En mi defensa diré que no todo en la vida son genes, que hasta el color de piel tiene un componente ambiental importante. Pero si queréis verlo de otra manera: la secuenciación genómica se hace con una fiabilidad de entre el 95 y el 97% y se estima que el genoma de un chimpancé es en un 98% igual al nuestro. Si queréis saber cómo sois mirando el genoma mejor mirad el de un chimpancé, tendréis algo más representativo de la realidad. Y si lo analizáis bien veréis que deberíais tener entrecejo.

Humanos y selección natural

Pues la respuesta es que yo creo que sí, que a los humanos también nos afecta la selección natural. ¿Cómo? Pues más allá de algunas poblaciones concretas, es imposible de decir. La pregunta sería: ¿hay alguna característica genética y heredable cuyos portadores se reproduzcan sistemáticamente más? Pues sí, pero no sé cuál. De vez en cuando alguien dice que vamos a perder la muela del juicio o el dedo meñique de los pies porque ya no los usamos pero, honestamente, no creo que las personas sin muela del juicio o sin dedo meñique de los pies tengan ninguna ventaja para reproducirse. Yo no veo a esas personas más atractivas, la verdad.

¿Por qué digo entonces que creo que a los humanos sí nos afecta la selección natural? Por un lado, las poblaciones que más crecen no son las más desarrolladas como la europea o la estadounidense (donde apenas tenemos niños y donde podría no operar la selección), sino las que son pobres aunque lo suficientemente ‘ricas’ como para no sufrir una mortalidad galopante. A corto plazo: India, China, Nigeria o Pakistán. Esto quiere decir que la gente de estos países se está reproduciendo más, por tanto las características medias de las próximas generaciones humanas irán cambiando para parecerse más a las de estos países. Y en estos países la mortalidad es alta, así que diferencias sutiles pueden marcar la diferencia entre la reproducción y la muerte.

¿Qué característica evolucionará entonces? Es imposible de decir, porque no sólo se necesitarían saber las causas de mortalidad en esos países, sino si con nuestro equipamiento genético estamos preparados para aportar soluciones. Yo, si me pagaran por investigarlo, buscaría si hay alguna característica biológica que hiciera que los individuos que nacen con ella tuvieran un status social mejor en estos países. O mejor aún: buscaría alguna característica biológica común a las personas más adineradas de esas sociedades. Esos seguro que se siguen reproduciendo pero mueren poco.

Aborto y ciencia

Hago un inciso a raíz de la entrevista que he leído a Adela Cortina, miembro de la Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas, en la que se trata el tema del aborto. Cortina comenta que el problema reside en que no hay acuerdo acerca de a partir de qué momento del desarrollo de un ser humano se puede hablar de ‘persona’. Dice que ‘científicamente hay desacuerdo acerca de cuándo podemos hablar de que existe una persona’. Más tarde además comenta que eso ‘no es un problema religioso, sino un problema científico, filosófico y legal.’

Me gustaría comentar aquí mi propia versión de la opinión de mi profesor de embriología en la universidad.

El desarrollo de un ser humano es un continuo. Cualquier delimitación en ese continuo es algo completamente arbitrario. Por ejemplo, a nadie sorprende que en unos países la mayoría de edad se alcance a los 18 años y en otros a los 21. Así lo reconoce la misma Adela Cortina en la entrevista: ‘Legalmente, creo, se dice que una persona se puede reconocer como tal veinticuatro horas después del nacimiento. Y eso es una convención: ¿por qué veinticuatro horas y no veintidós, o treinta? Es una convención legal para decir que tenemos que poner un tope en algún lugar.’

El criterio, como ocurre con la mayoría de edad, no tiene por qué depender de la biología del embrión. Eso es una decisión de cada uno. Y si se toma un criterio basado en la biología (como por ejemplo ‘cuando se desarrolle el cerebro’ o ‘cuando se forme el esqueleto’) entonces cada uno tiene que decidir cuál. En este caso, aunque el criterio esté basado en la biología del embrión, su adopción será una cuestión moral o filosófica.

Por tanto, el papel de la ciencia en este tipo de decisiones es la de informar acerca del proceso biológico todo lo necesario para que la sociedad tome una decisión, no la de fabricar una opinión. Los científicos no tienen un criterio filosófico o moral mejor que cualquier otra persona.

Estoy de acuerdo con Adela Cortina en que hay ‘desacuerdo científico’, en tanto que cada científico como ciudadano tiene su propio conjunto de valores morales y criterio. Quien dice que el problema es científico está evitando su responsabilidad como ciudadano.